Deseo

Un bello viaje de vacaciones en un crucero, una cervecita fresquita tras una dura jornada de trabajo, un mejor trabajo, un hijo, una pareja, un amigo, una compañera, una buena reforma del baño, un jacuzzi, unos petazetas, unas gominolas, chocolate, un aplauso, un concierto, una caricia, un masaje, unas uñas pintadas, un reconocimiento, un viaje, una estancia tranquila, un paseo, un buen libro, un videojuego, una consola, una comida…en una palabra DESEO.
¿Nuestras aspiraciones van cambiando, se van adaptando, nos las van fabricando…?
Quizás nuestros deseos sólo son un retorno a la infancia, a nuestra primera edad, posiblemente nuestros deseos primigenios se remontan a lo que nuestro subconsciente recuerda de nuestra infancia, aquellas situaciones inconclusas en las que nos sentimos invisibles o anulados por la aparición de otras situaciones que nos obligaban a guardar silencio. Momentos olvidados que tuvimos que reprimir porque era lo correcto en aquel instante sin embargo nuestra psique continua anhelándolo.
En el momento que emerge la calma, la quietud florece el deseo, ese deseo de caricia, de abrazo de beso, de ser querido, de ser observado, de ser escuchado, de ser sentido, de estar presente, de ser reconocido, comprendido con un solo gesto sin necesidad de explicar nada.
Cuántas veces me he preguntado ¿por qué hay personas que siempre cuidan,? se preocupan por sus hijos, cuidan a sus compañeros de trabajo e incluso se convierten en madres, padres sustitutos de sus parejas. En psicología teorías las hay y numerosas sobre ese tema gracias al trabajo de los licenciados. Otros sólo cuidan de sí mismos y se nutren de las carencias de los otros, incluso los hay que se quejan de no desear, o controlan lo que se desea. Ahora, en el momento que acaba ese interinaje voluntario emerge un verdadero deseo. Un deseo que quebranta normas porque es propio, te viene, aparece y la mayoría de las veces no se comparte.
La infancia una primera etapa hacia la vida se repite en la edad adulta. La adolescencia se perpetua en la madurez, la hay más inocente o más atrevida, lo único que importa es mantener ese deseo, seguir viviendo ilusionado recordando ese deseo, los años pasarán con ese deseo, en la mente, en la mirada, una ilusión que mantiene el espíritu activo en las duras jornadas de trabajo con sus tonos grises y sus sabores agridulces, de las golosinas de la tienda de “chuches”.
Un sueño cálido  que tiene la fuerza de convertirte en la persona que aspiras ser, en las metas que te has propuesto alcanzar,  un deseo que te aleja o acerca del devoto, formal integrante de la sociedad en el que te has convertido, un deseo al que le has de dar rienda suelta, has de dejar correr o atrapar para que te permita madurar y conquistar la infancia pasada. Es dulce desear, no dejes de soñar, en esa primera etapa fabrica los mejores telares del deseo porque hilvanarán toda tu vida. Así que ¿cuál es tu deseo?.
Los sueños son propios, no podemos hacernos cargo de los sueños de los demás por muy  atrayentes que sean porque nacemos solos, es el motor de nuestras aspiraciones, nos mantiene vivos, sueños realistas, románticos, ensimismados, en más de una ocasión pequeñas historias que conducen a un gran proyecto.
Sueños infantiles, adolescentes vuelven en la edad madura y alimentan nuestra senectud para dignificarla y colocan en su sitio diferentes facetas que hemos ido conjugando los que fabricamos deseos cada segundo, por lo tanto cuesta más conseguirlos.
Ahora en este instante ¿que sueñas?

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