El mar… lo traerá. IV

Sylvialogo París nevado

En esta profesión has de ser la mejor, has de tener la valentía de sacrificar momentos de placer para estudiar, aplicarte en la composición e interpretar siempre como si fuera la mejor partitura. El horario era estricto, su reloj de faltriquera por su pequeño tamaño lo llevaba siempre consigo en su bolsillo, la leontina, cadena de oro bien conservado, herencia de su abuelo le recordaba en todo momento su sueño, “no dejes pasar ni un segundo para lograr tu sueño” ser una concertista de peso, interpretar en los mejores teatros y componer. Si era un sueño para lograrlo y Sebastián contribuyó mucho a ello. El sabía lo que no contaba y velaba por su sueño, se adelantaba a los acontecimientos, se mostraba ilusionado por los nuevos proyectos y era confiable más que un secretario un compañero.

Sebastián vestía austero, siempre combinaba dos colores, azul marino y gris, sus vestimentas siempre alternaba estas dos gamas de colores, azules marinos y claros polos en tonos azulados, o grises y blancos, ese era su estilo, sus santo y seña. Colores que delimitaban su armario y marcaban su personalidad. Él era el verdadero artífice del éxito de su jefa, o mas bien de su idolatrada compositora e intérprete. Mientras ella hacía sus ejercicios de espalda, con la entrenadora personal que la acompañaba, él organizaba la agenda, conciertos, firmas, y ensayos.

El marketing era fundamental, se debía fabricar una imagen, un nombre y ese era el de ella, Aranza, ese era su nombre acuñado desde el momento que emitía la primera nota, el Opus 35 debía sonar en París la cuna para todo músico. Él sabía que en París podría encontrar el reconocimiento querido o perderla a ella definitivamente, porque Paris albergaba un amor silenciado durante años, una pasión que brotaba cada nota que vibraba y era en París donde residía.

La primera pasión y la última, París ciudad de pasión o ciudad de desencuentro. La perdería definitivamente para la música y se entregaría a ese sentimiento que arrastra todo lo que posee.

Sylvialogo Amor congelado

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