El mar lo traerá VIII

Recuerda

Paris fue la Sonata de Bach número uno, Aranza ya ha alcanzado los momentos que da la gloria, entre sus recuerdos la acercan a la realidad los prados verdes de su infancia, recorre con soltura los quince días de vacaciones que recorría con su vestido de flores anclado en dos tirantes y el algodón guardando su inocencia, infancia muy prolija en aventuras campestres, salidas y venidas que cuando afina su violín le vuelve como un recuerdo instalado en su mente. Qué habrá sido de ella? Dónde estará? Fue una infancia dulce aunque siempre recordó la alambrada, todas las rutas acababan allí, empezaban allí, por más sitios que visitara siempre recordaba la alambrada. En las noches estrelladas del verano las estrellas cobraban más fuerza y tumbada en el fresco prado que en otoño ofrecía una preciosa estampa de verde esmeralda y marrones sin dar cabida a azules. Ese manto de verdes se topaba siempre con la alambrada, ella corría y se dejaba caer por el prado hasta que una tarde calurosa y sedienta la pradera la llevó hacia la alambrada. Menudo golpe, no llego a sangrar pero tuvo la necesidad de buscar una hendidura del terreno para entrar por la alambrada y pedir auxilio. Su mano sujetaba su cabeza, el cuello erguido, la melena deshecha, los labios carnosos, húmedos, los gemelos aguantando firmemente su cuerpo bien definido por la cantidad de ejercicio de ese periodo estival, joven y atractiva, más bien puéril, entró: -Hola, agua por favor…

No llego a pronunciar nada más, el agua la conducía al cuerpo de una no pueril dama que dentro de un barreño dejaba que el agua resbalara por encima de su pierna, una pierna que no terminaba, era como una gota que dibujara una forma y finalmente firmara un cuerpo. Esa gota recorría un vello inexistente, se deslizaba desde la entrepierna, la rodilla, el gemelo, el tobillo y la parte superior del pie para finalizar en los dedos, dibujaba constantemente, y no manchaba, caía, “Agua”, repetía para sus adentros. Mientras su mirada seguía la gota hipnótica que junto a sus gemelos se dispersaban por la pierna, ni muy grande ni muy pequeña, una pierna llena de calor que escondía su vello rubio y permanecía limpia, agua necesitaba agua antes de la siguiente imagen.

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