El mar lo traerá Pensar

El próximo destino era Berlín, la pieza a tocar una melodía para los adeptos “el lago de los cisnes” el dueño de toda concertista, solista en este caso llegar a interpretar junto a una gran orquesta, el director un viejo amigo, un rico virtuoso en carisma, William Stole, un equilibrado de instrumentos, melódicos où a perfecta. Rubio de estatura media mantenía el tipo con una rígida alimentación y una exhaustiva tabla de ejercicios de yoga, desde pequeño seguía las indicaciones de su maestra “Pax”, William conocía todos los espacios de Berlín, recorría todas las capitales de Europa cada año, dirigía cinco orquestas que lo mantenían a pleno rendimiento, si todas actuaban como estaba previsto se jubilaría a los cincuenta, su profesionalidad lo avalaba. Ahora si descorríamos un tupido velo de su vida no profesional, toda esa apariencia de correcto músico se disipaba y daba paso al más mujeriego o virtuoso en relaciones con damiselas, la última se publicó en Le Monde diplomatique, el Vanity Fair,,el Vogue y protagonizó todas las exclusivas de la prensa, con su repercusión en telediarios tuvo la acogida de todo un monarca, mantuvo un affaire con una reina, si una de corazones… y diamantes.

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